Blog sobre la historia y la evolución de las tradiciones valencianas

Mostrando entradas con la etiqueta Curiosidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Curiosidades. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de noviembre de 2015

El renacimiento de la indumentaria del siglo XVIII en las Fallas



El renacimiento de la indumentaria del siglo XVIII en las Fallas
Buenas tardes, queridos amigos y lectores. En esta publicación voy comentar varias imágenes de entradas anteriores, haciendo hincapié en las prendas que llevan puestas los modelos. Algo necesario para el tema tan maravilloso que tratamos: El renacimiento de la indumentaria del siglo XVIII en las Fallas. Unas fiestas populares en honor a San José carpintero, conocidas en todo el mundo.
Sin duda, la señorita Carla Muñoz Antolí-Candela, FMV en el año 1991, marcó un antes y un después en los trajes que lucimos en las fiestas josefinas. En los retratos siguientes, cedidos mayormente por su mamá para un desfile benéfico que hicimos en el Alameda Palas durante los meses de su reinado, se aprecia que sus trajes tenían un aire diciochesco que sirvió como catapulta para el restauración de La Indumentaria tradicional valenciana.





El hito que marcó la FMV de 1991, se extendió por las comisiones falleras como la pólvora, y, con más o menos fuerza, dio paso a dicho florecimiento. Fueron años de transición en los que todavía no diferenciábamos muchas de las prendas del s. XVIII ni tampoco sus complementos o, incluso los peinados apropiados para estos ropajes desempolvados de los baúles de nuestros tatarabuelos: un solo topo; que, indudablemente, cada valenciana lo peinaba a su gusto para verse lo más favorecida posible. Algo que observaremos en algunas de las fotografías que nos acompañan.
Las primeras, son del desfile-exposición que, Els Guinyols, realizó en la Gallera de Alzira, mostradas en la entrada anterior.
En la primera, aparece la señorita Mapo (componente del grupo de baile Alimara), luciendo una basquiña del s. XIX; por tanto, va peinada con tres topos. Acompañada por Rafa, vestido con una brusa o blusón de la misma época y un calzón por debajo de la rodilla del dieciocho. ¿Por qué? Os preguntaréis. Porque la moda no se instala de un día a otro, sino que lo hace de forma paulatina. Por este motivo, a veces, usamos unas prendas más modernas que otras.

En la ilustración venidera, aparecen dos señoritas con trajes dieciochescos, ambas con un solo moño trabajado de distinta forma: algo muy particular que decide la persona que lo lleva. El traje coral de seda brocada (muy afrancesado), lleva manteletas bordadas al tono, y correspondería a un atavío de la alta burguesía. El traje verde-morado (pintado a mano), lleva un lazo trasero o flock bordado y una falda con farfalar; es un traje de gala.

Esta hermosa imagen de la escalinata principal de la Gallera de Alzira, nos muestra a un grupo de valencianos que participó en el desfile. En primer lugar, hay un trío de niños; el chavalillo va vestido con un traje del uniformismo fallero. Las dos niñas, que eran Falleras Mayores Infantiles, portan los trajes de sus Exaltaciones. En el segundo escalón, una jovencita con mocador de cap vestida con un traje de trabajo de algodón rojo; delantal largo, sombrero y espardenyes. Detrás, dos mozos bien parecidos con calzón por debajo de la rodilla y chupa de terciopelo; uno con rodina. El otro con barret y escapulario en el cuello. Junto a él, una señorita con un traje verde del s. XVIII, engalanado por un estilizado jubón de manga larga. Un poco más arriba, avistamos a una señorita luciendo un precioso traje blanco con aderezo de coral; muy propio del Mediterráneo. Esta impronta de principios de los 90, corrobora que, Els Guinyols, fue un comercio pionero en la recuperación del vestuario de nuestros antepasados.

En el posado de esta bellísima instantánea, aparece una señorita y una pareja de niños. La joven luce una reproducción de un jubón original, junto a una falda de terciopelo estampado con realce. El niño lleva una negrilla sobre el saragüell; chupetí y complementos. La niña va vestida de labradora en un día festivo –peinada con un solo moño—, con justillo y camisa de manga afarolada (posiblemente, inspiración de la manga de farol que lucimos en el corpiño del traje típico de las Fallas).

Para aclarar de dónde vino la moda de la manga afarolada, os dejo varios cuadros que el pintor José Mongrell realizó entre finales del XIX y principios del XX.
Por otro lado, no podemos olvidar que en nuestra indumentaria existen dos vertientes muy significativas:

Traje típico de valenciana: el que se utiliza en nuestras fiestas falleras, conocido como oficial. Confeccionado a partir de piezas tradicionales e identificativo allá dónde vayamos, incluidas las provincias de Castellón y Alicante. Las prendas del traje se acomodan según las costumbres, evolución de cada época, moda del momento y gustos de los usuarios; aunque se luche para que sigan fieles a sus orígenes, no siempre se consigue. Pese a ello, toda manifestación de indumentaria valenciana forma parte de nuestra Historia Contemporánea.
Traje tradicional de valenciana: el adoptado en las Fallas siguiendo la historia y tradición que, basada en el siglo XVIII, comprende un largo recorrido histórico con origen en la aristocracia, burguesía y pueblo llano de dicho siglo. Este traje debe ser fiel a sus raíces para mantener las esencias de antaño.
En la representación próxima, un singular posado: un trío de jóvenes. Él con negrilla sobre el saragüell y chupetí bajo la chupa; faixa y complementos. La joven de celeste, lleva un traje tradicional de valenciana del s. XVIII, peinada con un solo moño y raya al lado. La señorita con el vestido morado, luce un pulcro traje típico de valenciana; peinada con tres topos.


Como curiosidad, estos retratos de bunyoleras de la primera mitad del s. XX y uno de Marta Agustí con un traje de indiana, de 2009. En los cuatro, las señoritas y señoras, van con un solo moño peinado de distintas formas; seguramente porque se veían más guapas o por influencia de la moda internacional en las tres primeras. Algo que tomó arraigo y sentó las bases en décadas posteriores.





Para finalizar, estas reproducciones de trajes dieciochescos de caballero; surtidos por pantalones por debajo de la rodilla, chupetí bajo chupa y capa; complementos y filigranas. Eso sí, negros… Es inevitable compararlo y pensar en el exhibido durante la época del uniformismo fallero. Si alargamos los pantalones y quitamos los chupetís… ¿ya me diréis…?


Está claro que la historia se reescribe constantemente y que los errores son inevitables, máxime cuando la documentación es escasa. No obstante, cada persona puede vestir, dentro del nutrido guardarropa de nuestros mayores, como más le agrade. Lo verdaderamente importante es que las parejas luzcan galas de la misma época y, por supuesto, no mezclar estilos.

 

Hasta la próxima. Ahora, ¡a disfrutar de la tarde del domingo! Aunque sea negra porque todos somos Francia. Besos, Marian


©Marian Genovés

Bibliografía
La Indumentaria Tradicional Valenciana de Francesc Xavier Rausell Adrián.
Apuntes de Marian Genovés.
Fotografías de las colecciones privadas de Carla Muñoz Antolí-Candela, Marian Genovés o tomadas de Internet.
Redacción y fotomontaje, Anna Genovés.

P.D. No os olvidamos

 
Read More

domingo, 11 de octubre de 2015

A propósito de les lligacames…





 A propósito de les lligacames…
Buenas tardes, queridos amigos:
Últimamente he publicado varias entrada dedicadas al hombre, y, me he dicho a mí misma: «Marian, ¡ya está bien! Ahora toca hablar de la mujer». Pero, voy conversar de les lligacames; una prenda utilizada por ambos sexos de la que podríamos hablar extensamente por el significado tan amplio de las mismas. Las lligacames más antiguas estaban confeccionaban por un cordón o cinta, de 1 a 1’50 metros, que se anudaba o enlazaba por debajo de la rodilla y que sujetaba las medias para que no se cayeran. Solían ser de seda, algodón, hilo, lana o punto de aguja. Además, podían llevar bordados: peces, estrellas, pájaros, llaves; frases amorosas o el nombre del propietario.
Las láminas siguientes, nos revelan que, a partir del siglo XVIII, les lligacames, fueron un complemento de uso común entre muchos valencianos. Dependiendo del trabajo que tenían y de dónde vivían, se confeccionaban de una u otra forma y del tejido apropiado a la climatología.



Pero, ¿cuál es su verdadero origen…? Ciertamente, es difícil de concretar, si bien, son muchas las historias que han llegado a nuestros días sobre esa pieza que, actualmente puede llevar la mujer en el día a día, y que ha sido signo de coquetería o suerte durante siglos... Por ejemplo, las que usan las novias, cuya tradición se remonta al siglo XIV francés y que hogaño sigue vivo. Este retrato es posterior, sin embargo, muestra perfectamente cómo una dama aristócrata intentaba anudarse su lligacames verde.


Sigamos con la leyenda… En el Medievo, tuvieron connotaciones fantásticas. Se hablaba de las ligas mágicas que hacían los magos para recorrer largos trayectos sin cansarse y a toda prisa. Otra curiosidad nos habla del nacimiento de la nobilísima orden de caballería de la Jarretera o Garter allá por el siglo XIV, cuando una dama inglesa bailaba y se le cayó una de sus ligas; un príncipe la recogió y la tomó por compañera, así nació dicha orden. Es curioso porque a les lligacames utilizadas por la burguesía, nobleza y aristocracia, más barrocas, como la que nos acompaña, se les denominan jarreteras o charreteras.
Antaño, se sujetaban mediante hebillas. Como este cuadro de Enrique VIII, donde parece una charretera atada en el lateral por lo que parece una hebilla; no se ve con claridad.
Cerniéndonos al territorio nacional, sabemos que nuestros abuelos llamaban a les lligacamenes de distintas formas: ligagambas, atapiernas, jarreteras (sobre todo  entre militares o la nobleza/aristocracia), y apretaderas. Hoy por hoy, es una prenda habitual en ambos sexos con un repertorio de frases peculiares, adornos, terminales y tejidos, muy diferenciados como veremos seguidamente en esta pequeña muestra de lligacames actuales. Cada persona, conforme a su personalidad, elige…
Lligacames con frases amorosas como: «Ni me vendo ni me doy ― Sólo de mi dueño soy». «Soy el que te idolatra ― Hoy veo que me engañabas». «Qui fins açi arribá ― El çels alcançá». «La risa de mi morena ― Alivia todas mis penas». «Viva mi dueño ― Viva mi amo»...
O como las siguientes, hechas a mano con punto de aguja.
Unas muestras de lligacames actuales personalizadas...
Para que no se diga, una lligacames femenino lucido por una valenciana:
Y otros, llevados con medias de colores:
El siguiente, tiene historia: es un original:
   
Para finalizar, una panorámica magnífica de lligacames actuales...
Espero que os haya gustado. Disfrutad de lo que queda del puente.
Un abrazo para todos, Marian

© Marian Genovés

Fotografías de las colecciones privadas de  Marian Genovés o tomadas de la red.
Redacción y fotomontaje, Anna Genovés
Read More

domingo, 21 de junio de 2015

La faixa del xiquet


La faixa del xiquet 



Buenas tardes, amigos:

Estoy muy ilusionada con este proyecto de la blogosfera, donde hablo de esa indumentaria valenciana que tanto me apasiona.

A los pocos días de hablar del torrentí, llegó a mis manos esta magnífica fotografía de mediados de los 50, con una historia muy especial que he corroborado con diferentes fotógrafos de prestigio.

En aquellos tiempos, no todos los ciudadanos podían hacerles trajes de valencianos a sus hijos; la economía no lo permitía. Sin embargo,  los estudios fotográficos, tenían a disposición de sus clientes: una peluquera y una costurera. Amén de varios trajes con los que engalanarlos para la ocasión.

Como es lógico, los retratos que incluían estos servicios, tenían un costo más elevado. Pero, ¿qué padres no trabajan hasta la extenuación para vestir a sus hijos en las Fallas? Y, ¡he aquí, el espléndido resultado!




Mª Amparo luce un traje de seda bordada muy primoroso. Tanto la largaria de la falda como el vuelo, son acertados. Lo mismo sucede con el peinado de raya al medio y ondas. Los topos son de un tamaño correcto y sin sobresalir en exceso; igual que la peineta. La nota de la época, la marca la lazada trasera estilo mariposa, sujeta en la espalda por alfileres, preferiblemente de cabeza blanca. No le falta ningún detalle: hasta lleva abanico. Es decir, va muy bien vestida; similar a los trajes que usan las FMV el día de su exaltación:


Ignacio va vestido con un hermoso torrentí  en raso verde, cuya chupa recuerda a la que posteriormente se utilizó durante la etapa del uniformismo. Algo similar sucede con el ancho de la faja. Además, porta barret, calcetines y espardeñes; bien atadas a la pantorrilla para que no se caiga la cinta. Como nota destacada, señalaremos la estampación floral de la faixa. Es obvio, que las faixas, en muchas ocasiones, eran mocadors o incluso trozos de tela, utilizados para tales menesteres. Algo que hemos visto a lo largo de la historia, gracias a los lienzos costumbristas valencianos. Por ejemplo, en El Mercado de la Lonja de la Seda de Valencia, que el pintor Bernardo Ferrándiz Badenes realizó en 1875. En un primer plano, aparece un valenciano reposando con faixa estampada afín a la de Ignacio: 
Como dato anecdótico en la pareja de valencianitos, subrayaremos que se aprecia que el dobladillo de la falda está arreglado para la altura de la niña. Algo similar, sucede con las mangas del niño (más anchas de lo habitual). Por  lo demás, fetén.

En la actualidad, las faixas de caballeros y niños, son lisas, rayadas y, ¿cómo no? Floreadas. Hay que tener en cuenta, que la documentación histórica a cerca de la indumentaria valenciana dieciochesca, es exigua.  Nuestros eruditos, comenzaron a  tratarla e incluso a investigar sobre ella, mayormente, pasados los 80:

No obstante, no debemos creer que solo vestían bien los acaudalados y los trabajadores que alquilaban por unas horas los atavíos para posados fotográficos. Os dejo algunas imágenes en las que, igualmente, los trajes son extraordinarios. Algo muy diferente sucedió en las décadas posteriores, donde se impuso la moda internacional sobre la tradicional y surgieron esos acoples minifalderos de los que ya hemos hablado y seguiremos haciéndolo. Os diré por experiencia propia, que la documentación histórica es escasa. Si bien, los grupos de baile, por lo general, han seguido la tradición.




Las estampas siguientes, muestran a una mamá que encargó para su hija, unas manteletas idénticas a las suyas:



Para curiosos como yo, diré que existe una cita de Fray Luis de León (siglo XVI), donde nombra como prenda imprescindible en la indumentaria española, una banda de más de dos metros de larga y anchura entre 25 – 35 centímetros de lana, algodón o seda, que se ajustan los hombres al torso. Calderón de la Barca (siglo XVII), cita textualmente: “Els homes con jo, s’han de cenyir amb la faixa”. A partir del siglo XVIII, se nombra la faixa como complemento del vestuario masculino valenciano. Detallándose que podía confeccionarse en telares especiales o en casa; para el trabajo solían ser de algodón en un solo color: negras, rojas, azules... Mientras que para mudar, se empleaban lanas finas o sedas estampadas formando espigas, rayas, pequeños rombos, flores...


Copia entrañable de mediados de los 50, donde dos falleras vestidas de valencianas, bailan. Todos los trajes femeninos de esta entrada son hermosos e incluso análogos al que llevaba Amparín, la protagonista de El Palleter.



Un abrazo muy fuete. Y, ¡hasta la próxima!

Marian

©Marian Genovés

Fuentes: La evolución de la indumentaria valenciana desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días – primera parte. Llibret de la Falla del Mocador de Sagunto, 2008. Por Marian Genovés.

Las imágenes que aparecen, están cedidas de colecciones particulares, de nuestras amigas Mª Amparo Caña y Amparo Vilar.  Junto a otras tomadas de la red.

Redacción, Anna Genovés
Read More

sábado, 13 de junio de 2015

Los cancanes de Elenita

 
 
Los cancanes de Elenita

Hoy, voy a comentar una anécdota que me sucedió cuando era pequeña con esa prenda que, por suerte, actualmente, solo llevamos al vestirnos de valencianas en las fiestas de San José: los cancanes. ¡Lo que tuvieron que sufrir nuestras antepasadas con tantas prendas encima! Aquí os muestro una de tantas…
 
 
Antaño, las mujeres llevaban los interiores con numerosas prendas; lo llamaban estilo cebolla: una capa sobre otra… A partir de la Revolución francesa y durante el siglo XVIII, las aristócratas utilizaron polizón y enaguas de un lino que comúnmente llamaban lienzo de botiga ya que se compraba en las tiendas por metros; era un tejido más fino y flexible que el usado por el pueblo; además, redondeaban los cancanes por medio de aros como apreciamos en este antiquísimo grabado:
 
 
Mientras que el pueblo tejía su propio lino en los telares familiares (nuestras amadas barracas). Os dejo una reproducción en miniatura de uno de los que se siguen utilizando en Morella para confeccionar las típicas mantas morellanas:
 

Este lienzo doméstico se llamaba lino casero; más rudo y grueso que el anterior, y servía tanto para cancanes como para camisas de hombre, camisolas… Como a continuación os enseño:
 
 
Durante mi niñez y juventud, utilizábamos cancanes súper almidonados. Recuerdo como si fuera ayer, la planta baja de la planchadora del barrio: se llamaba Elenita. El suelo era de cemento y cuando entrabas te impregnabas de una fragancia fuerte y muy peculiar: olía a tintorería. En un lado, tenía varias tablas de planchar. En el otro, numerosas palanganas; enormes y de aluminio. Sobresalían unos palos de madera que usaba para mover las prendas, y estaban llenas de un líquido blanquecino: almidón rebajado por agua. Las enaguas estaban a remojo: almidonándose. En medio, había un mostrador con cancanes, escrupulosamente plegados. Al fondo, unas cuerdas con las enaguas tendidas como si fuera la colada esperando secarse para ser recogida.
 
Cuando Elenita repartía los cancanes por el barrio, las niñas gritábamos emocionadas: “¡Ya viene Elenita! ¡Ya viene Elenita! Y dentro de poco, las Fallas”. Sí. Elenita era la pregonera de las fiestas Josefinas. Llevaba fardos de enaguas resguardadas con esos pañuelos antiguos de cuadros marrones y dimensiones estratosféricas. Similares a los de esta fotografía:
 
Las sayas eran de un blanco inmaculado que resplandecía y cuando las tocabas, crujían. Te ibas a tu comisión fallera y el mero hecho de acercarte a una amiguita, traía consigo una canción inconfundible: “crg, crack, crok…”. Nos hacía reír. Nada mejor que unos retratos para que veáis el porqué de nuestras risas:
 
Además, con eso de la minifalda y los cancanes súper almidonados, huequísimos, en más de una ocasión, alguna fallera se ha llevado un disgustillo. Se sentaba frente al público y la falda se le levantaba, le tapaba la cara y dejaba a la intemperie las enaguas. Quizás por eso las mamás se preocupaban de que todas lleváramos los refajos hermosos y virginales: por lo menos, se veía ese interior pulcro con alma de valenciana genuina.
 
 
No obstante, no podemos limitar los cancanes ahuecados a las décadas de los 60 y 70. En el óleo Costumbres valencianas que José Mongrell Torrent pintó en 1907, el vuelo de las faldas, indica que las enaguas también debían ir almidonadas…
 
 
Hasta la próxima, espero que os haya gustado... Las anécdotas escriben el lienzo de nuestra historia.
 
Un abrazo, Marian 
 
©Marian Genovés
13 de junio de 2015
Imágenes cedidas de colecciones privadas o  tomadas de la red.
Redacción, Anna Genovés

Read More

© El arte de la costura - Marian Genovés, AllRightsReserved.

Designed by ScreenWritersArena